La cultura del vino
Historia de la vitivinicultura en la región y cultura del vino.
Quizás el vino no es la primera imagen que llega a nuestra mente al pensar en México, sin embargo, esta bebida guarda una fascinante historia en el territorio mexicano, marcada por siglos de desafíos y victorias. A pesar de ser la cuna de la vitivinicultura en América, su desarrollo ha enfrentado plagas, prohibiciones, guerras y crisis económicas que, lejos de apagar su espíritu, lo han fortalecido.
La historia del vino en México comienza con la conquista, cuando los españoles trajeron consigo la Vitis vinífera y promovieron su cultivo en las nuevas tierras. Cuando las primeras vides maduraron hacia finales del siglo XVI, se fundó la primera bodega comercial en Parras, Coahuila. Durante años, el consumo de vino mexicano permaneció limitado a usos eclesiásticos y locales, ya que las regiones vitivinícolas, como Coahuila y Baja California, estaban demasiado alejadas del centro del país, dificultando el transporte y elevando los costos.
En 1595, el rey Felipe II de España ordenó la destrucción de las vides y prohibió la siembra de nuevos viñedos en la Nueva España, temeroso de que los vinos locales compitieran con los españoles. Solo las vides destinadas a la Iglesia sobrevivieron. En este sentido, los misioneros fueron los responsables de continuar desarrollando la viticultura. Fueron ellos quienes plantaron el primer viñedo en Baja California en 1717, impulsando el sector y transformando la región semidesértica en una importante zona vinícola.
Tras la independencia de España en 1810, el sector vinícola mexicano comenzó a recibir cada vez más apoyo gubernamental a través de subsidios y exenciones fiscales, lo cual permitió que se establecieran plantaciones en el centro y norte del país. Tristemente, el sector se enfrentaría a un nuevo desafío a mediados de este siglo. Gran parte de las zonas cultivadas fueron destruidas por la plaga de filoxera, frenando nuevamente el desarrollo de la viticultura en el país.
Bajo el mandato de Porfirio Díaz existieron proyectos para promover el cultivo de la vid en todos los estados de la República. Así mismo, la llegada del ferrocarril en 1890, permitió que los vinos fueran transportados bajo refrigeración y se logró llevar uvas a estados donde no se cultivaban. Durante esta época, la ciudad de Parras, ubicada en Coahuila, se consolida como el centro vitivinícola más importante del país, aunque su principal producto era el aguardiente y no el vino; a pesar de esto, los vinos mexicanos estaban bien posicionados en el mercado nacional, en Texas y Nuevo México.
Durante la Revolución Mexicana, en 1910, se abandonaron los viñedos, debido a los asaltos a las haciendas y la falta de personal para atender las plantaciones. Posteriormente, la inestabilidad en el gobierno mexicano no motivó el desarrollo de la vitivinicultura en el país. No fue hasta 1939 que se recupera el sector y la superficie total de viñedos en el país alcanza las 15,000 hectáreas.
En los años cuarenta, las políticas proteccionistas de Lázaro Cárdenas fomentaron la llegada de grandes productores internacionales, que trajeron capital y tecnología para impulsar la industria vitivinícola local. No obstante, en la década de los ochenta, la firma de un acuerdo comercial permitió la reducción de aranceles y el ingreso masivo de vinos y licores extranjeros, lo cual volvió a afectar la industria nacional. Finalmente, la crisis económica de 1994 dejó a muchos productores al borde del colapso, forzándolos a detener su producción y tratar de sobrevivir cultivando otros alimentos. Para 1996, solo siete bodegas permanecían activas en todo el país.
Es evidente que el sector vitivinícola mexicano ha pasado por muchas adversidades a lo largo del tiempo. Sin embargo, gracias a la dedicación y esfuerzo de los bodegueros, enólogos, instituciones y entusiastas que nunca han dejado de creer en el vino mexicano, la vitivinicultura ha resurgido con fuerza en el país. Actualmente, el vino se cultiva en 14 estados de México y los productores han logrado posicionar en el mercado sus bodegas con vinos de gran calidad que ganan numerosos premios internacionales.
Citando a Hugo D´Acosta, renombrado enólogo del Valle de Guadalupe en Baja California: “En pleno siglo XXI, el vino mexicano es un claro representante de nuestro mosaico cultural. Es pues, la actividad que envuelve a la vitivinicultura la que expresa en mucho el país actual: contemporáneo, moderno, de propuesta, de empuje. Con nuestros vinos en la mesa se enriquece y diversifica la gama enológica y gastronómica mundial: aportan frescura, variedad y origen. Los vinos nacionales son por su “sazón”, un producto que suma a la oferta de sabores.”
Variedades
Conoce las variedades
México es un auténtico popurrí de variedades vinícolas, donde convergen, principalmente, cepas francesas, españolas e italianas. Los vinos de mezcla son populares, aunque no suelen seguir las tradiciones europeas, lo que da lugar a propuestas originales y distintivas.
Las principales variedades tintas que se cultivan en el país incluyen Cabernet Sauvignon, Merlot, Nebbiolo, Zinfandel y Tempranillo. En cuanto a las uvas blancas, destacan la Chardonnay, Chenin Blanc, Colombard y Semillón. Sin embargo, es importante señalar que la diversidad de climas y suelos en las diferentes regiones, así como los estilos particulares de cada bodega, hacen que las expresiones de estas variedades cambien notablemente. Esto genera una oferta amplia que resulta difícil de clasificar, pero que promete siempre algo nuevo por descubrir.
Uvas Tintas
Las principales variedades tintas que se cultivan en el país incluyen Cabernet Sauvignon, Merlot, Nebbiolo, Zinfandel y Tempranillo.
Uvas Blancas
En cuanto a las uvas blancas, destacan la Chardonnay, Chenin Blanc, Colombard y Semillón.



